ATEÍSMO: EL PEOR ENEMIGO DEL MOVIMIENTO LGBTI - pulidomiguel
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ATEÍSMO: EL PEOR ENEMIGO DEL MOVIMIENTO LGBTI

Militantes del movimiento LGBTI se consideran ateos, es decir, no creen que exista un ser superior al que se deban rendir cuentas, ya que todo es producto del azar. Sin embargo, exigen que se les respete, que se les tolere, que no se les persiga y que se les acepte como cualquier otra persona. ¿Su explicación? Que es un derecho humano.

¡Perfecto!

Pero hay un problema.

Si evaluamos más de cerca esta postura, nos vamos a dar cuenta que rápidamente se convierte en un argumento circular que no tiene un fundamento certero. ¿Por qué debo respetar a los otros? Porque son personas. Sí, pero tiene que haber un tipo de medida externa que me permita decir que esta posición es correcta o incorrecta, porque si el parámetro es cuidar del bienestar del otro, ¿quién define lo que es bienestar?

Algunos sostienen que las prácticas homosexuales públicas son formas de maltrato infantil, entonces en ese caso ¿quién tiene mayor importancia: los adultos homosexuales o los niños en formación? Otros argumentan que a los LGBTI se les debe tratar como a cualquier otro ser humano, pero ¿cuáles son los seres humanos como los que quieren ser tratados?

¿Quién determina lo que es bueno para una sociedad? Si una sociedad de midiera sólo por sus responsabilidades, muy fácilmente caeríamos en las redes de un autoritarismo malsano; pero si se rigiera sólo por sus derechos, la anarquía sería el pan cotidiano.

Así que una salida aparentemente válida es esta: cada quién puede hacer con su vida lo que quiera. Pero entonces podemos preguntar: ¿hasta dónde definimos como aceptable lo que otra persona quiera? Entonces viene la clásica respuesta: mis derechos van hasta donde comienzan los del otro. ¿Quién pone la línea? Porque si cada uno puede hacer con su vida lo que quiera, aquellos que establecieron las leyes estaban haciendo lo que querían, entonces estamos a merced de la imposición de alguien más. Pero, aún más, lo que yo considero aceptable para mí puede que no lo sea para ti, entonces ¿cómo podemos lidiar con ello si no tenemos un referente objetivo y externo a nosotros dos que nos pueda decir qué es lo correcto y lo incorrecto?

Cuando dejas a Dios fuera de la ecuación, no estás solucionando nada.

En realidad, estás creando un problema peor.

Si aseguras que cada quién es dueño de su propia verdad, no tendrías por qué pensar que hacerle matoneo a un chico homosexual es terrible o que asesinar a un travesti es infame, ya que quien cometió esos actos lo hacía de acuerdo a su propia verdad. ¿Por qué una verdad sería mejor que la otra? ¿Por qué el respeto es mejor que la intolerancia? ¿No es eso una imposición de una de las partes? Si todos construimos nuestra verdad, nadie tendría el derecho de juzgar a Hitler.

El peor enemigo del movimiento LGBTI es el ateísmo.

Porque al abandonar a Dios, los humanos son la medida de todas las cosas.

Así que no sería razonable exigir derechos porque son lo correcto, ya que no existiría un parámetro objetivo… salvo otras personas, las cuales pueden tener puntos de vista diferentes y apelar en el sentido contrario.

Sin embargo, si crees en Dios, tienes que hacer unas preguntas de fondo: ¿voy a asumir sus declaraciones con todas las implicaciones, las que me gustan y las que no, las que entiendo y las que no, las que estoy de acuerdo o las que no? Sacar a la luz que la Biblia habla de un Dios de amor te lleva a mirar el resto de lo que ella sostiene sobre la obediencia, la sexualidad, la humanidad, el respeto, la humildad, etc. Si sólo tomas lo que te gusta, vuelves al mismo problema: el parámetro sigues siendo tú. Y, en ese caso, el “amor” se está convirtiendo en una excusa, no en tu razón.

Formar un dios a tu imagen es ilógico e irracional, no progresista.

Y eso aplica tanto para los LGBTI como para los cristianos.

 

©MiguelPulido

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