BLOG - Hablando En El Silencio (Autor: Miguel Pulido)
5
paged,page-template,page-template-bridge,page-template-blog-large-image,page-template-bridgeblog-large-image-php,page,page-id-5,paged-59,page-paged-59,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive

Al entrar en este punto no debemos perder de vista el marco general que se nos presentó en Efesios 5:21: el sometimiento mutuo. Si tenemos eso en cuenta, entonces vamos a ver que la responsabilidad del hombre dentro del matrimonio es aún mayor que la de la mujer (tristemente, nuestro entorno nos ha hecho pensar que las cosas son al revés). A la mujer se le recordó el respeto que implica el sometimiento. Ahora al hombre se le suma algo más: debe amar a su esposa como Cristo...

Efesios 5:22, literalmente, dice así: ‘Mujeres, a sus propios maridos como al Señor’. Es obvio que falta algo. Falta un verbo. ¿Dónde está? ¿Dónde debemos buscarlo? ¿De qué está hablando Pablo? La lógica de las leyes de la gramática nos lleva a buscar el verbo atrás y no adelante. El verbo que apareció anteriormente es “someter” (v. 21). Es decir, las mujeres deben someterse a sus maridos. Pero ese no es el meollo del asunto, sino que nos muestra una vez más...

Hace poco me pidieron que predicara en mi iglesia. El título de mi enseñanza fue “¿Por Qué Todavía Me Quiero Casar?”. Toqué el tema del matrimonio desde la perspectiva bíblica. Algunos me pidieron que subiera mis reflexiones al blog (tal vez algunos posts serán más extensos que lo habitual, por lo cuál pido disculpas), así que voy a montarlas durante estas semanas en una serie llamada “Vale la pena morir”. Ese día prediqué con un tablero. Paula, mi cuasi-hermanita, me dio la idea de montar los gráficos de...