CARGADORES DE COCHES - pulidomiguel
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CARGADORES DE COCHES

El clima bogotano es impredecible. Que veas sol en la mañana no es garantía que no lloverá en la tarde. Lo único que sabemos es que nunca sabremos.

Así fue ese día.

O, más exactamente, esa hora.

En un lapso de 60 minutos hubo sol, viento, lluvia, algo de granizo y, finalmente, otra vez un poco de sol. Esquizofrenia meteorológica. Habíamos quedado de encontrarnos con mi esposa en un centro comercial cercano a casa. El plan era simple: ella terminaba unas vueltas, nos avisaba y yo iba con mi hijo en su coche.

Cuando recibimos la llamada, salimos. La lluvia se había detenido. El ambiente estaba frío, pero nada que no se pudiera manejar. Un par de hombres libres andando por la ciudad para encontrarnos con nuestra chica. Ponle la música de fondo que quieras. Si nos vieras el rostro, observarías esa sonrisa de orgullo que tienen los triunfadores. Estaba disfrutando la escena.

¿El problema?

Aquel charco de proporciones apocalípticas.

En mitad del recorrido tuve que detenerme frente a ese pequeño lago que formó la lluvia. Teniendo el coche, era imposible atravesarlo. Trataba de pensar qué hacer cuando una mano tocó mi hombro. Un muchacho moreno, de mediana estatura, con maleta estudiantil y una chaqueta blanca me dijo: “yo le ayudo”. Y, sin más preámbulos, se agachó frente al coche, lo alzó y me ayudó a cargarlo hasta tierra seca. Luego sonrió y se fue.

Un pequeño acto de bondad facilitó que siguiéramos adelante con una tarde en familia. Nada del otro mundo. No hubo aplausos ni reconocimientos. No salió en noticias ni las redes sociales.

Quizás hasta a él se le olvidó.

Pero eso no es lo que importa.

Vemos el mundo y nos enfrentamos a la tentación latente de sentir que todo está mal. Buscar las noticias del día puede ser deprimente. ¿Hay opciones de un mañana distinto? Muchos de nosotros pensamos que podíamos cambiar el mundo, pero el mundo nos volvió cínicos, escépticos, rutinarios. Escogimos vivir en piloto automático en una cotidianidad mediocre e insensible.

Otros eligen la queja y la amargura como la forma de asumir el día a día. Sus estados, sus palabras y sus redes sociales destilan un negativismo constante. Son expertos en resaltar todo lo que está mal. Sí, puede que digan la verdad, pero no se genera ningún cambio, solamente ahonda el inconformismo.

Sin embargo, puede haber otro camino.

Existe la opción de cargar coches.

Un muchacho común y corriente hizo un pequeño acto de bondad en medio de su rutina. De esa manera me recordó que seguramente no puedo cambiar el mundo, pero puedo hacer mejor el mundo de otro. Eso puede ser suficiente. Quizás no alteremos el curso de la geopolítica ni la estructura social desde sus cimientos ni evitemos conflictos bélicos internacionales, pero la fidelidad se mide por lograr lo que podemos con lo que tenemos, no a la inversa. Es ingenuo y mediocre excusarnos en lo que no podemos hacer para dejar de hacer lo que sí podemos hacer.

Si todo lo que puedes hacer por este momento es cargar un coche, hazlo, con excelencia, con amor, con fuerza y con devoción. Niégate pensar que tu trabajo es un “solamente”, un “simple”, un “apenas”, suponiendo que en realidad es un aporte irrelevante frente a lo que realmente vale. En la economía sagrada no hay desperdicio. En las manos de Dios, hasta lo sencillo tiene ramificaciones santas. Porque para que haya fruto lo que importa no es el tamaño de la semilla sino la calidad del terreno.

¡Elijamos ser cargadores de coches!

¿Revolucionamos el mundo de a poco?

 

©MiguelPulido

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