CORAZÓN EN CUARENTENA - pulidomiguel
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CORAZÓN EN CUARENTENA

Es la primera vez en mi vida—y creo que en la de la mayoría—que estoy viviendo una cuarentena obligatoria. La gente está en sus casas, los parques en silencio y las calles vacías. El viernes en la mañana escuché, por primera vez en mucho tiempo, el silencio en la madrugada, atenuado por un constante murmullo que resultó ser el canto de las aves.

Mi primera reacción fue el temor.

Después me puse ansioso.

Porque, aunque suene como un escenario ideal e idílico, es absolutamente extraño. Estamos visitando un territorio desconocido. Pasamos de las ciudades que nunca duermen a las urbes de la soledad. Las imágenes que se comparten de distintos lugares del mundo combinan la recolonización de la naturaleza, reclamando el lugar que le hemos quitado, junto con hospitales improvisados para tratar de atender la exagerada cantidad de pacientes y un reinante silencio, una permanente ausencia, un encierro obligatorio.

Hablando con una amiga me hizo caer en cuenta de algo. Resulta que ahora todos estamos comprando las cosas básicas y vitales, tratando de estirar nuestro presupuesto lo más posible frente a un futuro incierto. No hay tiempo para pensar en lujos. Así, lo que considerábamos imprescindible, aquello por lo que estaríamos dispuestos a endeudarnos y entrar en conflicto con alguien por él, ahora resulta relegado a un plano absolutamente secundario. ¿A quién le interesa ahora tener el teléfono de última generación, el televisor con mejor resolución o la ropa de la moda, cuando hay un virus acechando, el egoísmo del instinto de supervivencia se abre paso entre nosotros y tenemos más preguntas que respuestas sobre lo que pasará en los próximos días? De muy poco sirve tener miles de seguidores en las redes sociales, si no tienes con quien hablar sinceramente sobre la soledad que sientes.

Consideramos que hemos evolucionado, que somos la sociedad que más ha progresado, pero todo esto nos ha devuelto a lo básico y retornado a lo esencial. Si lo que valorábamos hace unos días hoy ni siquiera importa, ¿qué tan desarrollada era nuestra civilización? ¿Existe un verdadero progreso cuando, en el camino, se deja de lado lo más importante?

Las crisis desnudan lo que en realidad somos.

Para bien o para mal.

Yo no sé si todo esto es un pánico que nos crearon los medios de comunicación, o si en realidad estamos al borde de una extinción masiva, o si es un respiro que Dios le está dando a la tierra de nuestra incesante explotación, o si es una guerra biológica que se está llevando a cabo entre naciones poderosas, o si esta es una forma de distracción de lo verdaderamente importante, o si este es un hilo de divagaciones mal redactado, o todas las anteriores; pero estoy casi seguro que la tendencia que tenemos es pensar mucho en las circunstancias y muy poco en los corazones. Mi teoría es que el amor de Dios nos ha acercado hasta este momento de soledad, silencio y pausa obligada para que hagamos preguntas difíciles, aquellas que estábamos posponiendo por nuestra vida vertiginosa y ocupada.

¿A quién te cuesta perdonar?

¿Por qué te sientes mal contigo mismo?

¿Sientes que vales más allá de lo que logras?

¿Por qué evades la conexión con otros detrás de la pantalla de un celular?

¿Qué te causa dolor?

¿Qué te genera ira?

Puedes huir de todo el mundo, pero no puedes huir de ti mismo. Este tiempo nos enfrentará a preguntas difíciles que necesitamos responder más temprano que tarde, por el bien de nuestras propias vidas. Y eso es bueno. Puede que la razón de fondo de esta cuarentena sea nuestro corazón.

La peor tragedia que nos puede ocurrir es salir de todo esto y seguir siendo los mismos.

 

©MiguelPulido

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