¡MATEMOS A LOS MÉDICOS! - pulidomiguel
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¡MATEMOS A LOS MÉDICOS!

Escribo desde el dolor, la rabia y la desazón. Siento que debo expresar esta inconformidad con todas sus letras, aun si no es elegante o esperanzador.

Vivimos en un país donde la corrupción es pan de todos los días. Nos pareció normal que se analizara cuándo decretar cuarentena para no afectar tanto la economía y, por otro lado, se traten de acortar los tiempos para que no haya afectaciones monetarias irreversibles. ¡Qué grandísima estupidez! El simple hecho de comparar o sopesar la economía con la vida humana es una aberración. ¿De dónde va a haber dinero si no hay personas que lo produzcan? Pero más aún: ¿tiene un precio la vida?

Claro, yo sé que hay profundas implicaciones prácticas de esta cuestión y que todos estamos preocupados por lo que pasará mañana con esta incertidumbre, pero la pregunta de fondo es si vale la pena un sistema que necesita sangre para mantenerse a flote. La economía necesita movimiento, porque es tan frágil que una pausa la destruye. Pero lo interesante es que toda ella está a cargo de personas, de tal manera que valdría preguntar: ¿qué pasaría si reiniciáramos la economía, si hubiera un perdón masivo de deudas, por ejemplo, o si se revalorizara lo verdaderamente importante y dejáramos depender de la especulación?

Porque la economía no toma decisiones, las toman personas.

Y, con frecuencia, nuestro corazón está gobernado por la avaricia.

Hay suficientes pruebas rondando y tengo varios amigos testigos de primera mano que me hablan de cómo esto ha afectado al personal médico. No hay equipos adecuados, las situaciones son precarias, las exposiciones son desmedidas y las demandas inhumanas. Los hospitales no son fundaciones de caridad, son máquinas económicas que quieren ahorrar pesos, establecer negocios y abaratar costos. Los médicos son empleados que están a merced de decisiones de los otros o, como me han dicho, tienen que comprar su propia indumentaria para resguardarse porque los hospitales no están dispuestos a invertir en ello. Es como si fueras a trabajar como asesor en un banco y te dijeran que tienes que llevar tu propio escritorio, silla y computador.

Para colmo de males, hemos sido testigos de personas que viven en el mismo conjunto de médicos y “muy amablemente” les solicitan que ya no vivan más en sus casas o que se cambien a otro lugar. Ratas de la peor calaña. Su egoísmo ciego los lleva a hacer una petición tan estrecha como su cerebro.

Lo peor de todo es que creemos que la situación está bien, porque lo que se visualiza en los medios son ideas mucho más románticas. Aplaudimos en el balcón en la noche, damos gracias en las redes sociales con el numeral de moda, posteamos videos con música conmovedora. Nos referimos a ellos como héroes, pero olvidamos que también pueden ser víctimas. La idealización de su papel es un placebo emocional que nos hace perder de vista la terrible realidad de una corrupción asesina que está pudriendo los cimientos de nuestra sociedad.

Porque el problema no es de fondos, es de vidas.

Los ladrones que se roban el dinero de la salud, aquellos que pertenecen a carteles (que es un nombre elegante para no hablar de bandas de hampones) que buscan cómo sacar una tajada para sus billeteras, ¡ellos son el peor de los virus! Su codicia es pandémica y cobra más víctimas que cualquier enfermedad.

Ojalá esos infelices dejen de tomar decisiones que se pueden resumir con esa frase: “¡matemos a los médicos!”. Y que nosotros elevemos nuestra voz, no sólo nuestros aplausos, por aquellos que están poniendo su vida en riesgo por cuidarnos… literalmente.

 

©MiguelPulido

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