NOS DEJAMOS SECUESTRAR - pulidomiguel
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NOS DEJAMOS SECUESTRAR

¿Alguna vez has tenido temor de decir algo? Así me siento. No porque lo que diga no sea honesto, sino porque los ánimos están tan caldeados que cualquier palabra dicha fuera de lugar puede ser malinterpretada. Tengo que ser sumamente cuidadoso. Basta con mirar las discusiones que se generan alrededor de la política y la elección del próximo presidente para corroborar la sensibilidad que produce la polarización.

Estamos divididos.

Cada quien quiere defender su posición con uñas y dientes.

Como cristiano, esto me deja en una terrible encrucijada. Aunque no creo que ningún partido represente la totalidad del pensamiento evangélico, sí veo cómo se citan versículos para apoyar la perspectiva de uno o del otro. Cuestionar la fe de alguien basado en su voto es superficial e irrespetuoso, pero este maremoto de declaraciones de los cristianos respecto a la elección presidencial me ha hecho pensar sobre nuestro llamado como Iglesia.

Si buscan versículos en cuanto a la equidad social, el cuidado de los pobres, el volver nuestra mirada hacia los más vulnerables, los van a encontrar. También encontrarán menciones directas en cuanto a la justicia, el trato de los bandidos y la invitación al esfuerzo en el trabajo. Ambas dimensiones deberían coexistir. La iglesia debe velar porque en la sociedad se manifieste la totalidad del carácter de Dios, no sólo los aspectos que prefiere según el momento histórico. Señalar ciertos pecados mientras pensamos que otros son menos graves tiene un nombre: hipocresía.

Pensar que es peor el homosexualismo que la corrupción, manifestar que la impunidad es terrible pero la injusticia aceptable, justificar cualquier maltrato en nombre de un candidato, declararar que tenemos un Dios de gracia pero no perdonar a los que nos ofenden con un sinfín de racionalizaciones…son actos hipócritas.

Nos escandalizamos selectivamente.

Porque nos sentimos cómodos con ciertos pecados.

Firmamos la paz con algunas maldades.

La inconsistencia tiene la facultad de distorsionar nuestro enfoque. En algún momento llegamos a la trágica conclusión que lo “espiritual” era antónimo de lo terrenal, a pesar de que el Padrenuestro expresa el anhelo porque el Cielo visite nuestra Tierra. El Evangelio está preocupado tanto por la justicia en este mundo como en el venidero. El llamado de los seguidores de Jesús, su Iglesia, consiste en proclamar y llevar a cabo este mensaje en cada rincón del planeta.

Pero, lamentablemente, en el camino nos distrajimos. No sé cuáles fueron las razones exactas, pero nos dejamos secuestrar dimensiones fundamentales de nuestra misión en este mundo. Casi con inocente estupidez le cedimos a los políticos la responsabilidad que nos competía a nosotros. Y, por supuesto, en el camino han realizado un montón de desastres que han quebrado aún más a la sociedad.

Si digo que debemos cuidar de los pobres, entonces soy petrista; si menciono la necesidad de justicia legal como eje en la construcción de la sociedad, soy uribista (o duquista). ¿Por qué? ¿Cuándo dejamos que la totalidad de nuestro llamado fuera ridículamente reducida a campañas políticas de momento? ¿Por qué le endosamos nuestra responsabilidad a uno u otro lado del espectro político? Y lo más triste es que suponemos que la respuesta para nuestro país está en algún candidato. ¡Qué bueno recordar que el puesto de Mesías ya está ocupado!

Si seguimos pensando que por ser de derecha no podemos hablar por los pobres o por ser de izquierda no podemos mencionar la justicia, seguiremos transitando esta espiral descendente.

Hacer lo correcto nunca fue una cuestión de política.

Siempre fue la vocación sagrada de la Iglesia.

Porque ella no le pertenece a la derecha ni a la izquierda, le pertenece a su Señor.

 

©MiguelPulido

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