SER BUENO ES MALO - pulidomiguel
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SER BUENO ES MALO

La situación humanitaria de Venezuela es aterradora. El descontento se ha acumulado en las calles y el hambre en los estómagos, al punto que cientos de miles de personas han salido exiliados de su tierra para buscar una pizca de esperanza en medio de la hostilidad. Quienes se han quedado piden que los ojos del mundo se vuelvan hacia ellos y les tiendan una mano.

Una de las maneras como se hizo público que sus voces estaban siendo escuchadas fue el Live Aid que se llevó a cabo el viernes pasado en la frontera con Colombia. Miles de personas y docenas de artistas se unieron en este acto simbólico, el cual le pedía al régimen que permitiera el ingreso de ayuda humanitaria a territorio venezolano.

La bondad, una vez más, le hacía frente a la maldad.

¡La belleza de la resistencia!

Sin embargo, si paseabas por las redes sociales, no solamente veías palabras de ánimo, inspiración y celebración de un evento que, en muchos sentidos, manifestaba el deseo de ver a un dictador caer. En cambio, vi a decenas de personas expresar reclamos y descontento (obviamente, unos más mordaces que otros). Tratando de sintetizar esas expresiones, las pondría con estas palabras: “¡Muy bonito lo de Venezuela! ¿Colombia para cuándo? ¿Qué de la Guajira o el Chocó? Hipócritas que quieren solucionarle la vida a otros mientras su casa está cayéndose”.

Podríamos analizar esta situación desde una perspectiva política, económica, ética, social o humanitaria. Las problemáticas que hay tanto en Colombia como en Venezuela tienen dimensiones casi infinitas de profundidad. Pero lo que me hizo pensar esta tendencia en las redes es que las nuevas tecnologías han generado en nosotros una patología crónica de descontento.

¡Siempre falta algo más!

¡Siempre hay críticas a todo lo que hagas!

Parece casi como que ser bueno es malo. Siempre va a haber alguien que mira el punto negro en la hoja blanca. Hay un montón de expertos de papel detrás de las pantallas de los celulares y los computadores. La Madre Teresa parece estar en el prescolar de la bondad al lado de la cantidad de santos que se ufanan en el escenario público de la virtualidad. Ellos están al tanto de todas las necesidades de todo el mundo y no se van a quedar callados frente a la hipocresía de esta sociedad ciega, de la cual, gracias a Dios, ellos se han liberado por sus increíbles capacidades cognitivas. ¿Qué sería del mundo sin su intervención? ¿Podríamos tener esperanza sin sus trinos y sus peleas argumentativas en sus estados de Facebook?

Mi preocupación surge de la falsa percepción de bondad que generan estas quejas constantes. Nuestro mundo está tan necesitado que donde mires vas a encontrar necesidad. Ni siquiera tienes que ir a la Guajira, simplemente abre tu ventana. Manifestar las inconsistencias de otros no nos hace consistentes automáticamente. ¿Cuántos de los que se quejan por la falta de atención al Chocó o a la Guajira han hecho algo por esas comunidades? ¿Qué se los impide? Si el gobierno no hace nada, ¿por qué ellos no hacen su parte?

A la bondad le gusta el silencio.

Jesús dijo que nuestra mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha.

Tengo la impresión que el excesivo ruido de las redes solo demuestra nuestra falta de bondad. Si de verdad estuviéramos haciendo el bien, no tendríamos tiempo para andarnos quejando de todo lo que está mal. Es muy fácil pretender transformar el mundo con unas palabras en las redes sociales, lo difícil es hacerlo en el día a día.

Niégate a instalarte en la crítica a todo lo que está mal.

Más bien, haz de la bondad la nota base de tu vida.

Así no malgastarás tu vida en discusiones virtuales infructuosas.

 

©MiguelPulido

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