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TODO GUASÓN TIENE UN HISTORIA

Cuando hablas de una película haces spoiler. Lo siento. Si no has visto Guasón, puedes regresar a este post después; si ya la viste, aquí no encontrarás una crítica especializada ni mucho menos. De entrada dejo claro que no es una película para niños, no tanto por su contenido espiritual (no sé muy bien a qué se refieren con eso) sino por su testimonio personal. Algunos que no tienen un grado de madurez emocional o han atravesado situaciones sicológicamente complejas se pueden sentir vulnerados. Y también afirmo con la mayor claridad: el Guasón es malvado, terrible y su violencia no debe ser elogiada.

Ninguna historia, por oscura que sea, nos exime de responsabilidad.

La historia del Guasón nos muestra que la maldad tiende a crecer como una bola de nieve, a menos que alguien ose detenerla. Se convierte en un lenguaje, en una cultura, en una forma de entender el mundo. No creo que el hombre nazca bueno y la sociedad lo corrompa, porque entonces ¿quién corrompió a la sociedad? Cada uno de nosotros tiene la capacidad de hacer un bien extraordinario o de generar un mal indecible. ¿Qué hace la diferencia?

Escuchar las historias de las personas nos ayuda a entender parte del porqué actúan de la forma como la hacen. Nadie existe en el vacío. Todo Guasón tiene su historia. Antes de ser victimario también fue víctima. Ese niño al que amarraron a un radiador y su mente escondió el dolor de su consciencia, ese hombre frustrado al que le hacen matoneo unos jóvenes prepotentes, ese paciente que se ríe incontrolablemente y tiene que pedir excusas con una tarjeta explicando su situación, ese ser que admira al presentador de televisión esperando recibir de él el abrazo que nunca tuvo en un padre, todo es también parte de la realidad del enemigo más icónico de Ciudad Gótica.

Quizás, sólo quizás, si en lugar de darle un arma le hubieran dado apoyo verdadero y un par de oídos sinceros, la historia hubiera tomado un rumbo diferente. La ignorancia de un entorno frente a la emocionalidad del otro y la indolencia de un sistema con un tema tan transcendente como las enfermedades siquiátricas se combinaron en un cóctel que catapultó a Arthur hacia el oscuro mundo de la violencia sin sentido. Allí encontró el reconocimiento que mendigaba su quebrantado ego. Consiguió como pillo los aplausos que como payaso no obtuvo.

Que sientas empatía con la historia de otro no te hace un sicópata ni un asesino potencial. Parece que ese es el temor de muchos de los que prohíben ver estas películas. Reconocer que detrás de cada rostro hay dolores nos permite ver el alcance inimaginable de la maldad.

Nadie tiene la promesa de una vida sin sufrimiento.

Todos tenemos dolores, pero los enfrentamos de distintas maneras.

El amor tiene un sentido urgente en un mundo tan roto como el nuestro. Todos pasamos por sufrimientos, algunos terriblemente dolorosos, pero no todas las historias tienen que terminar como la del Guasón. Existe la esperanza de resignificar el dolor y escribir un mañana diferente, no de ignorarlo ni aceptar el abominable engaño de que la vida de alguno es perfecta. Un corazón que escucha una historia es una mano que puede rescatar una vida. Acompañar en el camino puede evitar ir a visitar en una cárcel.

Ver esta película no me dejó la sensación de que el Guasón es un nuevo héroe. Tal vez por mi trabajo me produjo un profundo dolor en la consciencia, un llamado apremiante a no ser ciegos a las tragedias de los demás. Y por eso escribí esto.

 

©MiguelPulido

1Comment
  • John Arlexis Mendez Tamayo
    Posted at 18:41h, 17 octubre Responder

    Es fácil ocultar mi realidad detrás de una sonrisa. Cómo dice la canción, “cara de payaso, boca de payaso ríe por no llorar”. Gracias por esta reflexión.

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