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UN AÑO, UN LIBRO, UNA HISTORIA

Todavía no lo creo. Las mariposas en el estómago reaparecen. Los nervios y la gratitud se combinan como si el lanzamiento fuera mañana y no hace tiempo. Ha pasado un año desde que se lanzó mi primer libro, “Qué gracia tiene La Gracia”.

Es extraño esto de recordar.

La relación entre el tiempo y las emociones es misteriosa.

Cuando decidimos imprimir 1.000 ejemplares (fue una autopublicación), la verdad lo hice en gran parte impulsado por los costos: es más barato imprimir 1.000 que 500. Pensaba que no iba a tener gran acogida y que tendría cajas arrumadas por quién sabe cuánto tiempo. Sin embargo, al día de hoy se han vendido más del 85% de los ejemplares.

Empezando por el mismo día del lanzamiento, no he parado de sorprenderme del apoyo de tanta gente querida o que está interesada en leer algunos de mis pensamientos. Ese día, por ejemplo, pedí que sólo dejaran unas 70 sillas en el salón del evento. Yo esperaría en un cuarto junto con la persona que me iba a entrevistar, para así estar más tranquilos y concentrados mientras la gente llegaba. La señal para entrar era que la música acabara y la maestra de ceremonias nos presentara. Cuando salí, quedé anonadado. ¡Había gente de pie! Más de 150 personas estuvieron en ese lugar.

Con frecuencia, es más fácil que otros crean en mí a que yo mismo lo haga.

Y hay una razón para eso.

El libro lo terminé a finales del 2015. Como no sabía mucho del tema, seguí la ruta que consideraba convencional. Un amigo conocía a uno de los líderes de una editorial que para esa época estaba naciendo. Parecía una buena oportunidad. Me contacté con él y le envié un capítulo del libro. Después, esperé. Un mes. Dos meses. Seis meses… Al día de hoy, no he recibido ninguna respuesta.

En el proceso, decidí tomar otro rumbo. Uno tiene que perseverar, ¿no cierto? Conocía al Publisher de una de las editoriales más prestigiosas del medio cristiano, así que tomamos un café y le conté respecto al proyecto. Todavía agradezco su cruda honestidad: “Miguel, los estudios demuestran que los cristianos tienden a comprar por el reconocimiento de un autor más que por el interés en un tema. Si te coloco en una librería junto a un pastor famoso, tu libro no se vendería. Puede tener buen contenido, pero no es rentable”.

Ese era el diagnóstico empresarial: un libro no rentable.

Sentí que mi sueño estaba destinado a ser una ilusión.

Siempre llegan momentos donde somos enfrentados a vivir lo que predicamos, para darnos cuenta que la vida real es más compleja que las palabras. Es más fácil predicar de la perseverancia que ser perseverante. Sobre todo, cuando has recibido ataques directos y descarnados contra aquello que valoras, por lo cual te has esmerado, que ha costado más de lo que la gente cree y que, en el fondo, lo entiendes como parte de una pasión divina que arde en tu alma. ¿Y si los que me rechazaron tenían razón?

Autopublicar fue el riesgo que decidí tomar. Si iba a fracasar, lo haría sabiendo que di todo lo que podía dar. En un entorno donde medimos el éxito por los resultados, hemos perdido de vista que el simple hecho de tratar, de esforzarse o de ser fiel a una vocación tienen un valor incalculable. Fracasar es no haberlo intentado.

Nadie te asegura lo que puede ocurrir. Quizás, efectivamente, el proyecto que tienes no sea rentable.

Pero eso no es lo esencial, ¿verdad?

Hay muchas formas de éxito distintas a ser un best-seller.

 

©MiguelPulido

 

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